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DOLOR
POR CANCER
Dr. Fernando J. Leone Introducción. Epidemiología. 1.
Seguir haciendo que el control del dolor por cáncer, el manejo
de los síntomas y el apoyo psicológico y social sean componentes
del tratamiento del cáncer en todos los entornos sanitarios del
mundo. Diagnóstico. 1.
Creer en el dolor del paciente.
1.
Dolor vinculado con la enfermedad por invasión
tumoral. a
- Infiltración ósea
y articulaciones: b
- Invasión a vísceras: c
- Invasión a tejidos
blandos: d
- Síndromes de nervio
periférico e
- Polineuropatías
dolorosas. f
- Plexopatías braquial,
lumbar o sacra. g
- Metástasis meningeas. h
- Compresión epidural
de la médula espinal. 2.
Síndromes dolorosos causados por la terapéutica del cáncer a
- Síndrome de dolor
postoperatorio. b
- Síndrome doloroso
post-radioterapia c
- Síndrome doloroso
post-quimioterapia 3.
Síndromes dolorosos no relacionados con el cáncer ni su
terapéutica a
- Osteoartritis crónicas. b
- Hernia discal. c - Enfermedad aguda. Además,
en el paciente con enfermedad avanzada debemos considerar el dolor producido
por la debilidad, el estado caquéctico y la postración que
conlleva la aparición de úlceras por decúbito y edemas. Tratamiento
Farmacológico. |
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| Escalera Analgésica. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Los analgésicos
principales recomendados por la OMS para cada peldaño son: aspirina
o paracetamol en el primer escalón, codeína
o propoxifeno en el segundo y morfina para el tercer escalón; además
recomienda el uso de fármacos coadyuvantes, que sin tener propiedades
analgésicas, potencian el efecto analgésico de los medicamentos
anteriormente mencionados.
Analgésicos
no opioides. |
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La
interacción de los AINEs con otros medicamentos, cosa común
en el paciente oncológico, debe ser tenida en cuenta muy seriamente.
Todos los AINEs se metabolizan en el hígado reduciendo la función hepática, debiéndose reducir la dosis si el paciente se encuentra recibiendo quimio-terapia, si tenemos evidencias de la existencia de metástasis hepáticas o en el caso de insuficiencia preexistente. El riñón es parcialmente responsable de la eliminación de los AINEs y alte-raciones a éste nivel pueden aumentar o disminuir sus efectos. La toxicidad renal se produce por el efecto sobre las prostaglandinas —compitiendo con la secreción activa de sustancias en el tubo contorneado proximal, aumentando los niveles séricos de Litio y Metrotexato—. Su excreción está disminuida en el fallo renal y en el anciano. A nivel del SNC pueden producir sedación que potencia la producida por los opiáceos debido a un posible mecanismo de acción central de éstos fármacos. Desplazan de su unión a las proteínas a otros fármacos (como el Metrotexate, Anticoagulantes orales, Hipoglucemiantes orales, corticoides) y son desplazados por la Fenitoína. Analgésicos
opioides débiles. |
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| Analgésicos
opioides fuertes. La piedra angular en el tratamiento del dolor por cáncer continúa siendo el uso apropiado de los opioides fuertes, en particular la morfina; son los analgésicos del tercer escalón. Se les puede asociar un no opioide y/o un coadyuvante. Morfina. Vías de administración de Morfina. |
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La
forma farmacéutica de presentación nos permite contar con
soluciones a-cuosas, jarabe, gotas con diferentes concentraciones del
fármaco, comprimidos de liberación inmediata, cápsulas
y comprimidos de liberación sostenida, ampollas y reservorios dispensadores
para uso parenteral y supositorios.
Sin embargo la morfina tiene una mala reputación entre el público en general y desgraciadamente con mucha frecuencia dentro de la comunidad médica y enfermería. Los temores al uso ilegal, la posibilidad de adicción favorecen la infradosificación de los opioides en general. La adicción (dependencia psicológica) a una droga se define como la conducta compulsiva que involucra a la persona en la búsqueda, uso o adquisición de la misma a fin de satisfacer necesidades no médicas. El dolor que presenta el paciente con cáncer es suficiente razón médica y humanitaria para lograr su alivio utilizando opiáceos potentes. La ocurrencia de adicción en el paciente oncológico es muy baja, se ha calculado según diferentes reportes en una frecuencia de 1:10.000. La vasta experiencia clínica acumulada demuestra que la dependencia psicológica sigue siendo muy rara; este excesivo celo por la adicción por parte del personal sanitario es quizás el principal motivo de las dosis insuficientes prescriptas de opioides. Debemos reconocer que puede desarrollarse dependencia física y tolerancia como un fenómeno farmacológico normal al uso continuo y prolongado de morfina y otros opioides. La dependencia física resulta aparente cuando se interrumpe bruscamente el tratamiento con la presentación de un síndrome de abstinencia. La tolerancia resulta en la necesidad de incrementar la dosis para mantener el mismo efecto analgésico, claramente se produce una disminución en la eficacia. No se debe confundir tolerancia con el aumento de la necesidad del opioide por aumento del dolor debido a progresión de la enfermedad con la consiguiente injuria tisular. Un temor injustificado hacia el uso de la morfina es la posibilidad de producir depresión respiratoria. Todos los opioides tienen efectos depresores sobre el centro respiratorio que se manifiesta como una disminución en la respuesta al aumento de la PCO2, con disminución de la frecuencia respiratoria, el volumen espirado y el volumen corriente. El máximo efecto se observa a los 5-10 minutos de la administración EV, 30-90 minutos posteriores a la inyección IM o SC y, dependiendo, de la dosis puede ocurrir depresión respiratoria tras la administración Subaracnoidea y Peridural. Cuando la morfina se administra por vía oral la depresión respiratoria raramente representa un problema clínico, salvo en el paciente con falla renal. Ello se debe a que el dolor es el antagonista fisiológico de los efectos depresores centrales de la morfina; generalmente el paciente ha estado recibiendo otro opioide y la administración oral hace que la absorción sea mas lenta y se produzcan picos de concentración plasmática menores. La titulación de la dosis disminuye la posibilidad de sobredosificación. Los efectos clínicos de la morfina en el hombre se producen por acción inhibitoria sobre el SNC (analgesia, depresión respiratoria, somnolencia) y por acción estimulante (miosis, vómitos, convulsiones). Tiene acción periférica sobre el músculo liso (constipación, broncoconstricción, retención urinaria, aumento del tono uterino). Otros efectos periféricos son prurito, sudoración y boca seca. La morfina es un agonista puro con acción predominante sobre el receptor Mu, pero también se liga al receptor Kapa. Se demostró la presencia de receptores opioides fuera del SNC. Se dispone de evidencia suficiente que demuestra un papel importante de los metabolitos de la morfina, Morfina 6 Glucurónido (M6G) y Morfina 3 Glucurónido (M3G) en la producción de sus efectos. M6G es un potente analgésico con un efecto 45 veces mayor que la propia morfina cuando se inyecta intracerebral y 3.7 veces mayor cuando la inyección es SC. Estudios recientes muestran que, luego de la inyección peridural, tanto la concentración de M6G como M3G en LCR es baja comparada con la de morfina lo cual nos lleva a la conclusión que por vía peridural la contribución de los metabolitos a la analgesia no es significativa. Con respecto a los metabolitos dos conceptos son importantes: la suficiencia renal del paciente y la vía de admi-nistración. La hipótesis que el M3G tendría un papel en la tolerancia a la morfina está en discusión y actualmente se pone en duda. El estudio de la framacocinética de la morfina, sobre todo en el uso crónico, presenta problemas particulares ligados a la dificultad de distinguir entre los efectos propios de la morfina y aquellos que dependen de sus metabolitos. La absorción en el tracto gastrointestinal es completa, ocurriendo predominantemente en el intestino delgado proximal. La morfina es un compuesto básico con un pKa de 9.85, que permanece en forma no polar al pH de la región favoreciendo su solubilidad en lípidos y su difusibilidad. A nivel de la mucosa oral se absorbe adecuadamente. La absorción rectal es rápida con niveles sanguíneos similares a los administrados por la boca. La morfina administrada oralmente se distribuye rápidamente en el plasma, un 30-40% ligada a proteínas, principalmente albúmina. Se metaboliza en el hígado excretándose por riñón. Luego de la administración de una dosis oral, las 2/3 partes de la morfina sufre un primer paso hepático destruyéndose. La excreción se produce por filtración glomerular y posiblemente en menor medida por secreción tubular. La excreción biliar y la circulación enterohepática fue claramente demostrada en ratas. El 7.4% de la dosis administrada aparece en heces. La circulación enterohepática puede contribuir aumentando su concentración plasmática sobre todo en los pacientes que reciben tratamiento crónico. Metabolitos
de la Morfina |
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La vía
oral es la elección para la administración de opioides fuertes,
el efecto de la morfina oral es consistente y prolongado si se administra
en forma regular, además de eliminar los pinchazos no restringe
la actividad del paciente y facilita el tratamiento domiciliario. Lo usual
es titular al paciente con soluciones acuosas de morfina —tanto
el sulfato como el clorhidrato son sales bioequivalentes—; en los
pacientes que no han recibido tratamiento opioide previamente se comienza
con 5 -10 mg cada 4 hs sin olvidar la variabilidad individual, por lo
que debemos indicar una dosis de rescate según necesidad (calculada
en el 10% de la dosis diaria a demanda del propio paciente). En los pacientes
que recibían otros opioides pero continúan con dolor, es
necesario calcular las dosis equianalgésicas con la morfina a las
cuales se le agregará un 30%. No resulta conveniente comenzar un
tratamiento oral con morfina de liberación prolongada, es de buena
práctica titular al paciente hasta obtener un buen control del
dolor con un opioide de corta duración, posteriormente se indica
la dosis equivalente a la morfina de liberación prolongada dividida
en dos dosis diarias.
Dosis
orales de equivalencia aproximada con Morfina |
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Otros
opioides fuertes disponibles en Argentina
Buprenorfina Es un derivado semisintético de la tebaína. Agonista parcial, la potencia agonista es treinta veces mayor que la de la morfina; en varios modelos animales posee un efecto techo para su acción. Pierde efectividad al ser administrada oralmente debido a un efecto primer paso marcado haciéndola inefectiva por esta ruta de administración. La administración sublingual es tan efectiva como la parenteral y se ha establecido que una dosis de buprenorfina de 0.3 mg IM es equipotente con 0.4 mg sublingual. La duración de su acción es de 6 - 9 hs. Los efectos secundarios mas frecuentes son nauseas, vómitos, sedación y cefaleas. Se ha reportado una menor capacidad de la droga para producir dependencia física. El efecto opioide de la buprenorfina es difícilmente reversible con naloxona, debido al alto grado de afinidad por el receptor Mu. Resumiendo, la buprenorfina es un analgésico opioide potente con las siguientes ventajas: es efectiva administrada por vía SL, tiene una duración de acción prolongada, un bajo nivel de dependencia física y potencial abuso. Sus limitaciones son: tiene un efecto techo, puede antagonizar los efectos de otros agonistas opioides provocando un síndrome de abstinencia y, con el uso crónico, tiene los mismos efectos adversos que los demás opioides fuertes. Meperidina Oxicodona Metadona Fentanilo Vías
alternativas para la administración de opioides Contraindicaciones de la vía oral
1- Disfagia
Fármacos aptos para administración SC
Vía
transdérmica Vía
Transmucosa Vía
rectal Vía
sublingual Vía
subaracnoidea Vía
peridural Medicamentos
coadyuvantes Neurolisis
en el tratamiento del dolor oncológico Los
procedimientos neurolíticos deben considerarse como una opción
terapéutica cuando: Bibliografía Ashburn
MA. Management of pain in cancer patient, Anesth Analg (1993), 76:402-416
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